Para los liceistas

Publicado por cadetito, Abril 27, 2017, 07:05:33 PM

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cadetito

Hoy me llegó esto e inmediatamente quise compartirlo porque me trajo un monton de cosas buenas de los mejores momentos de mi vida. Puede que lo entiendan sin problemas pero se que los camaradas del foro ademas de entenderlo van a recordarlo y sentirlo. Ahi se los dejo
El ex-cadete, el liceísta y el síndrome del inmigrante

Cuando entramos al Liceo nos convertimos en cadetes y cuando salimos en ex cadetes, claro!, pero ya nunca más dejaremos de ser liceístas. No se puede ser ex-liceístas. Hemos recibido una especie de ciudadanía, que nos hace sentir como pertenecientes a una suerte de patria chica.

Cuando egresamos del Liceo en realidad emigramos y automáticamente ingresamos a una sociedad que durante cinco años vimos e idealizamos desde afuera (porque estábamos adentro).

Así nomás nos convertimos en inmigrantes.

El inmigrante tiene idealizada la sociedad en la cual se inserta y por eso lo hace. Pero a medida que pasa el tiempo y luego de acomodarse lo mejor posible en el nuevo entorno, comienza a extrañar y a idealizar, ahora, aquel punto de partida.

Posiblemente, para el inmigrante el lugar que dejó ya no sea el mismo. El tiempo habrá cambiado algunas formas, algunas costumbres, pero él lo guarda en el recuerdo congelado e inmóvil como una foto en color sepia.

Y contará a propios y a extraños aventuras y anécdotas que al repetirse una y otra vez perderán y ganarán ingredientes y detalles que le darán esa patina mágica que los transforma en mitos, verdades equidistantes entre la leyenda y la realidad.

En la dura lucha del tiempo con el recuerdo, éste rescata del olvido las cosas más lindas, mientras el tiempo va acunando en sus brazos largos las cosas malas hasta hacerlas dormir.

El inmigrante tiene un pueblo que lo vio crecer, que le dio tonadas y características que siempre lleva con él. El liceísta tiene una promoción que lo vio crecer que le dio vivencias que le pertenecen.

Y cuando se encuentran dos inmigrantes que vienen del mismo país pero de distintos pueblos, se llaman paisanos aunque cada uno tenga una imagen diferente de ese país, porque en realidad tiene la imagen de su pueblo, que quizás sea distante del otro y tenga diferente clima y otro paisaje.

Cuando nos encontramos liceístas de distintas promociones que a veces están muy lejanas en el tiempo, tenemos diferentes paisajes pero hay un mismo espíritu que nos hace sentir cerca, es el espíritu de esa patria chica que nos marcó con su sello indeleble.

Es que el Liceo, como un padre generoso y carismático hizo sentir a cada uno de sus hijos como si fuera único.

Como el inmigrante, el liceísta tiene siempre en su equipaje un espacio dedicado a la caja de los recuerdos, que son horas, que son amigos, que son los padres que nos miran todos los días desde la foto pegada con chinches compartidas en el interior de la puerta del armario.

Como el inmigrante, el liceísta se emociona cuando encuentra algún paisano y lo primero que pregunta es de qué pueblo viene, de qué promoción sos.

Como el inmigrante, el liceísta le responde a sus hijos preguntas del Liceo que a lo mejor sus hijos nunca le hicieron.

Tantas palabras se necesitan para explicar un color, o un sabor, una textura, un aroma, un sonido.

¿Cómo explicar el marrón terroso si no figura en la paleta de colores de ningún programa, o el gusto de la polenta de campaña, si es sólo comparable al gusto amargo del domingo a la noche?.

¿Cómo le cuento a alguien la textura de los cardos de los fondos del liceo capaces de atravesar la tela más dura?

¿Quién va a entender aquel olor a pasto que nunca más volvimos a aspirar; era otro olor a pasto, era diferente, era el olor a Pasto del Liceo, es posible que hasta hoy podríamos diferenciarlo de otros olores a pasto.

Como el inmigrante, el liceísta, siente que el único que lo va entender es un paisano, es otro liceísta, aunque sea de otro pueblo, y por eso, sólo por eso, ya lo quiere y lo hace amigo.

Volver a pisar el Liceo es como volver a la patria chica pero jamás podremos volver al pueblo, porque ya está cambiado, porque es aquella promoción que ya pasó, son aquellos doscientos adolescentes inquietos que se sentían únicos. Que en realidad eran únicos.

Es que ahora cuando nos encontramos ya no estamos solos, tenemos que compartir nuestras reuniones con algunas cabezas blancas, algunas arruguitas, algunas barrigas descuidadas, algunos lentes de aumento, algunas peladas... pero gracias a Dios todavía no se nos cayó del equipaje la caja de los recuerdos.

Nota: Dedicado a todos los que me entienden, porque ellos saben que no estoy loco. También se lo dedico a los locos que yo no entiendo.
Lo escribio un liceista de la  promocion 16 del LMGSM (76 años). Y queda claro que pasan generaciones pero el sentimiento liceista es el mismo

timothy sniper


GKawa

Perdón que postee los links pero no tengo ganas de ponerme a escalar thumbnails y son fotos grandes.

@Cadetito
Me imaginé que te gustarían. Mi primo (28va) le regaló a mi padre (10ma) este juego de 5 cadetitos de plomo. Son soldaditos genéricos que les pintan el uniforme según el caso, no son históricamente precisos. No teníamos corneta (eran zumbos los músicos), no teníamos sables, no marchábamos con el fusil al hombro (aunque yo lo he hecho en prácticas y mi padre si lo hizo en desfiles, pero ya no se acostumbraba para mi época) y el fusil está del lado equivocado.. Pero el uniforme está bien. Los hace Meulen Artesanías.

https://drive.google.com/open?id=0B__FRnOllYy1TVpoaUQ1SkNnemM
https://drive.google.com/open?id=0B__FRnOllYy1RFhSSnZfcjlQa0k
https://drive.google.com/open?id=0B__FRnOllYy1YUtrWDctV3BXLWM

cadetito

Están geniales!
Me tocó desfile con armamento pero los intrumentos eran y son tema de la banda, compuesta por voluntarios y suboficiales. El sable que llevé es el corto únicamente. Voy a chusmear el FB de Meulen a ver si encuentro algo.
Gracias!